«Siempre que veo alcachofas en la carta de un restaurante las pido»
Sara Mendoza Pérez nació en Sevilla. Hace unos años la vida le llevó a establecerse en Reston (Virginia, Estados Unidos), un cambio radical para alguien que ni siquiera dominaba el idioma. Volvió a cocinar con calma, una de sus grandes aficiones, abrió su cuenta de Instagram ‘Cocina lover’ –hoy le siguen más de 230.000 personas- y estuvo a un paso de participar en MasterChef Latino. Amante confesa de las alcachofas, en esta entrevista además de contarnos su historia nos ‘regala’ una receta con ellas como protagonistas. Quien se quede con ganas de más, tiene la opción de comprar su libro.
¿Cuándo abriste cocina-lover.com y qué te empujó a dar ese salto?
Cocina Lover nació sin planearlo, casi sin darme cuenta. Todo empezó cuando me fui a vivir a Estados Unidos. Llegué a un país completamente nuevo para mí, sin conocer a nadie y sin hablar el idioma, así que pasaba bastante tiempo sola. En España llevaba un ritmo de trabajo muy intenso y apenas tenía tiempo ni para parar ni para mirar redes sociales, pero allí todo fue diferente. De repente empecé a dedicar tiempo a cosas que me hacían sentir bien y que antes, por falta de tiempo, había dejado de lado. Y una de ellas fue cocinar. Durante una temporada me hice vegetariana y eso me llevó a experimentar mucho más en la cocina, a probar combinaciones nuevas y a crear platos distintos. Empecé a subir a Instagram fotos de lo que cocinaba pero sin ninguna expectativa, simplemente por compartir. Y ahí descubrí algo que me encantó: la fotografía gastronómica y la forma tan bonita que tiene la comida de contar historias. Poco a poco la gente comenzó a acompañarme, a preguntar, a interesarse, y sin buscarlo, aquello que empezó como una forma de llenar el tiempo y sentirme un poco más cerca de casa, se convirtió en una comunidad y en un proyecto que hoy forma parte de mi vida. Cocina Lover nació de un momento muy personal y, quizás por eso, sigue teniendo tanto de verdad.
¿Cuándo surgió tu pasión por la cocina?
Siempre ha estado ahí; supongo que va un poco en los genes (ríe). Mi abuela materna era una gran cocinera, muy creativa para su época, y hacía todo de una forma muy especial y casi mágica. Su cocina nos reunía a todos, y alrededor de su mesa éramos muy felices. Así es como recuerdo la cocina de mi infancia y así es como la cuento también en mi primer libro. Mi padre es otro gran amante de la cocina. Siempre le ha gustado probar cosas nuevas y cocinar guiándose por su instinto, porque nadie le enseñó. Trabajó como cocinero en distintos campings y hoteles durante las temporadas de verano, y la cocina siempre ha sido parte de su vida. Con él puedo pasar horas y horas hablando de recetas, de sabores y de comida. La cocina es nuestro lenguaje común, el lugar donde siempre nos encontramos. La cocina forma parte de mis recuerdos, de mis raíces y de la persona que soy hoy. Por eso siento que cocinar no es solo una pasión, es una manera de cuidar, de compartir y de sentirme en casa.
Eres muy activa en redes sociales donde acumulas una legión de miles de seguidores tanto en Instagram, Facebook y TikTok como en tu canal de YouTube. ¿Qué te aportan?
Me aporta una alegría enorme y una sensación de felicidad muy bonita. Saber que acompaño a muchas personas en distintos momentos de su vida es algo muy especial para mí. A algunas las invito a cocinar en familia y a disfrutar de lo maravilloso que tiene la cocina compartida; a otras las inspiro a crear platos nuevos, a probar combinaciones distintas y a mirar la cocina desde otro lugar. Pero también acompaño a muchas personas que están solas. Hablo a diario con gente que no me conoce personalmente, pero que siente que formo parte de su día a día, casi como alguien de su familia. Me cuentan sus historias, sus momentos buenos y también los difíciles. Saber que estoy ahí para entretener, acompañar o inspirar a personas que están solas, e incluso a algunas que pasan tiempo hospitalizadas y me tienen “de fondo” mientras se recuperan, me llena el corazón. No puedo estarles más agradecida por todo el cariño que me dan y por hacerme sentir algo tan bonito.
Te presentas como “creadora de contenido”. ¿Cuántas horas le dedicas de media al día a ‘alimentar’ la web, el blog y tus redes sociales?
Muchísimo tiempo… este trabajo no para nunca (ríe).Y si encima eres curiosa y te gusta aprender y crear cosas nuevas, ya es imposible parar. Entre mi propio contenido, el contenido estratégico que creo para otras marcas y mis proyectos personales, estoy siempre de un lado para otro. Pero la verdad es que no me pesa nada, al contrario: estoy en continuo aprendizaje y movimiento, y eso me encanta. Crear es algo que me da muchísima energía, me motiva y, sinceramente, me da la vida.
¿Dónde te inspiras a la hora de elaborar las recetas que luego compartes?
¿Sinceramente? Me inspiro en lo que tengo en la nevera (ríe). Siempre digo lo mismo, pero es que es así. No sé seguir recetas, soy nefasta para eso… Soy totalmente autodidacta y me guío mucho por el instinto: por sabores que he probado, por los olores de los ingredientes y por esa intuición de pensar “esto puede quedar bien junto”. A veces me inspiro en recuerdos de recetas de cuando era pequeña, pero no soy nada tradicional, y eso se nota en mi cocina. Es una cocina básica y sencilla, pero siempre con ese puntito creativo que, al final, es lo que más me define.
¿Cuáles suelen tener más éxito?
Diría que es una mezcla de todo. Las recetas de casa, las de siempre, funcionan muy bien porque la gente conecta mucho con ellas. La cocina tiene esa capacidad tan bonita de despertar recuerdos y llevarte a momentos que tenías casi olvidados. Todos tenemos platos que nos transportan a la infancia y que, de alguna manera, nos vuelven a conectar con personas que ya no están. Los olores, los ingredientes, los sabores… todo cobra sentido cuando, sin buscarlo, aparece un recuerdo bonito. Y luego están las recetas rápidas y fáciles, esas que te salvan una cena cuando llegas cansada a casa y no te apetece pensar demasiado. Los postres sencillos también tienen siempre muy buena acogida.
¿Qué ingredientes nunca faltan en tu cocina?
Huevos, quesos, verduras de todo tipo, aguacate, pasas, avena, pan de panadería local, chocolate negro, plátanos, frutos rojos y yogur natural de cabra. No sé si me dejo algo más, pero si abres mi nevera o mi despensa, seguro que todo esto lo encuentras… (ríe).
¿Dónde sueles realizar la compra?
Siempre que puedo priorizo el comercio local y de proximidad. Me encanta comprar en el barrio, sobre todo el pan, la fruta, la carne y el pescado, y charlar con la gente de confianza que te aconseja y te conoce. Creo mucho en ese trato cercano y en la calidad del producto. Para el resto de las cosas más básicas o del día a día suelo recurrir a supermercados convencionales, combinando un poco de todo según el momento. Al final intento equilibrar comodidad y buen producto, pero siempre con especial cariño por el comercio local.
Leemos que cocinaste para MasterChef en NuevaYork. ¿Cuándo fue y qué te aportó esa experiencia?
Aquella experiencia me marcó para siempre. Fue en diciembre de 2018, en Pearls Studios, en Nueva York. Apenas llevaba un año viviendo en Estados Unidos y supuso un antes y un después para mí como persona. Esa aventura me hizo creer en mí de verdad, en mi capacidad para hacer las cosas y, sobre todo, en mi valentía. Con una cocina humilde y mi propia historia conseguí conectar con los chefs, con los entrevistadores, con mis compañeros y con una productora que se quedó con ganas de conocerme mucho más. Cuando me llamaron para decirme que iba a ser concursante de MasterChef Latino en Miami casi me caigo de culo de la emoción (ríe). Esa sensación es muy difícil de explicar. De hecho, mientras escribo esto, me sigo emocionando al recordar aquella llamada y todo lo que sentí en ese momento. Lamentablemente, por temas burocráticos (Estados Unidos no es un país fácil en ese sentido y los procesos llevan su tiempo) mi participación oficial no pudo llevarse a cabo. Aun así, mi perfil pasó para la segunda temporada, que ya estaba aprobada, pero ese mismo año llegó el Covid y, como a todos, nos cambió la vida. A pesar de todo, me quedo con lo más importante: la confirmación de que iba por el camino correcto y de que, incluso lejos de casa, la cocina seguía abriéndome puertas y regalándome momentos que nunca olvidaré.
Hace unos años publicaste ‘CocinaLover’, “un libro de recetas fáciles y ricas para ser feliz”. ¿Qué incluye y dónde se puede conseguir?
El libro Cocina Lover: mis recetas fáciles y saludables reúne algunas de mis recetas más sencillas y saludables, siempre con ese toque creativo que me caracteriza. Incluye desde salsas llenas de sabor y dipeos para compartir, hasta aperitivos fáciles para sorprender, comidas rápidas para disfrutar a diario y postres saludables hechos con mucho cariño. El libro se puede encontrar en Amazon en todo el mundo, está disponible en dos idiomas (español e inglés) y en dos formatos: ebook y libro en tapa blanda.
Ahora que estamos en plena temporada no podemos pasar sin preguntarte por las alcachofas. ¿Te gustan?
¡Me chiflan! Es un alimento que forma parte de mi historia y está muy presente en mi cocina. Mi abuela las utilizaba muchísimo en sus recetas, especialmente en sus arroces, así que siempre han estado ahí, tanto antes como ahora. Para mí, las alcachofas tienen sabor a hogar y a la cocina de casa, esa cocina que tanto disfruté y admiré. Además, siempre que las veo en la carta de un restaurante no lo dudo y las pido; es una forma de volver, aunque sea solo por un momento, a esos recuerdos tan bonitos.
¿Alguna receta que hayas compartido con ellas como protagonistas?
La última receta que compartí con ellas fue una sartená de alcachofas al ajillo con taquitos de chorizo ibérico de bellota y unos huevos estrellados. Es un plato muy sencillo y fácil de hacer, pero lleno de sabor y absolutamente delicioso.
¿Tienes algún cocinero o cocinera favorito/a?
Mi cocinero favorito es Dabiz Muñoz. Me encanta su forma de entender y transmitir la cocina, su estilo creativo y cómo se comunica a través de los sabores. Admiro mucho cómo rompe las reglas clásicas, mezcla técnicas, culturas y sabores que antes no se combinaban y consigue sorprender constantemente a los comensales. Es diferente, arriesgado y muy personal, y en ese sentido me siento bastante identificada con él. He tenido la oportunidad de comer en alguno de sus restaurantes y siempre he salido encantada; cada experiencia es única y te hace mirar la cocina desde otro lugar.
¿Y restaurante?
¡Uf! Aquí me pilláis (ríe)…tengo varios y me cuesta mucho quedarme solo con uno. Así que voy a tirar para la tierra y os voy a decir algunos de mis favoritos, cada uno en un estilo diferente. Ta-Kumi Málaga, un restaurante japonés con muchísima esencia y una cocina muy cuidada y exquisita, Matiz, con una cocina mediterránea reinventada, fresca y actual, tal y como ellos la definen, y Mesón Antonio, un clásico con mucho carisma y reconocimiento en el centro de Málaga, que destaca por la calidad del producto de proximidad, su ubicación emblemática y ese ambiente cercano que tanto gusta. Son sitios muy distintos entre sí, pero todos tienen algo en común: se cocina con cariño y se nota en cada plato.
Muchísimas gracias por tu tiempo.
A vosotros.
Entrevista realizada mediante cuestionario por escrito. Desde la asociación sin ánimo de lucro Alcachofa de España agradecemos a Sara la atención prestada. La fotografía que ilustra el artículo ha sido facilitada para esta ocasión por la entrevistada.



