esclerodermia

Consejos para paliar los efectos de la esclerodermia

La esclerodermia es un conjunto de enfermedades que afectan el tejido conectivo del cuerpo, el cual da soporte a la piel y a los órganos internos. Estas afecciones hacen que el tejido conectivo se endurezca y se ponga grueso, además de causar hinchazón o dolor en los músculos y en las articulaciones. Aún se desconoce su causa, pero lo que los médicos han confirmado es que no es contagiosa ni hereditaria.

 

Existen dos tipos principales de esclerodermia, la localizada y la sistémica. La primera solo afecta ciertas partes del cuerpo, sobre todo, tejido de la piel, mientras que la segunda a todo él (piel, tejidos debajo de esta, vasos sanguíneos y órganos principales).

 

Los síntomas de esta enfermedad se manifiestan en la piel a través de su enrojecimiento, de hinchazones, sensibilidad extrema, picazón, dolor por los cambios de temperatura y endurecimiento. Suele localizarse en manos, pies, rostro y cuello, aunque puede extenderse a más partes del cuerpo.

 

La esclerodermia va asociada también al síndrome de Raynaud (enfriamiento y cambio de coloración en manos, nariz y orejas), problemas digestivos como la acidez y el estreñimiento y respiratorios, dolores de cabeza, fatiga y presión arterial alta.

 

Los consejos que los profesionales de la medicina recomiendan para ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes con esta enfermedad son, entre otros:

 

Evitar el consumo de cafeína. Un 30% de los pacientes con esclerodermia desarrollan problemas en distintos órganos, sobre todo, en los riñones. Una de las complicaciones más graves es la crisis renal, que afecta a uno de cada cinco pacientes y que si no es tratada de forma adecuada puede llevar al colapso de los órganos. Hay que evitar el consumo de cafeína porque incrementa el riesgo de que se creen cálculos renales, además de recrudecer el daño en personas que sufren una enfermedad de riñón.

 

Dejar de fumar. El tabaco aumenta las complicaciones circulatorias de los dedos, llegando incluso a que se tengan que amputar en casos puntuales.

 

Hidratarse de forma adecuada. Beber mucha agua durante todo el día ayudará a mantener la hidratación de los tejidos, además de que facilitará la deglución e ingesta de alimentos.

 

Ingerir aceites omega 3, omega 6 y alimentos con antioxidantes. Se trata de sustancias inmunoreguladoras que ayudan a mantener la flexibilidad de las membranas celulares, asegurando la nutrición celular.

 

Eliminar de nuestra dieta cereales y harinas refinadas. Estos productos no aportan tantos nutrientes como los integrales, espesan la sangre y activan los dolores óseos, además de que no permiten que se absorba bien el calcio y el hierro.

 

Evitar alimentos pegajosos, astillosos o secos si se tiene problemas con la deglución. Podemos sustituirlos por productos blandos como legumbres, purés o cremas de verduras, huevos revueltos, fruta triturada o en compota, sorbetes, queso freso, etc.

 

Eliminar de la dieta el alcohol. Las bebidas espirituosas estimulan la producción de ácido en el estómago y retardan el vaciado gástrico, algo perjudicial para los pacientes que presentan problemáticas gastrointestinales.

 

Comer alimentos con fibra como cereales integrales, frutas, verduras y legumbres. Estos productos ayudan al tránsito intestinal. Eso sí, dependiendo de las complicaciones derivadas de los problemas gastrointestinales, la ingesta de fibra deberá ser más controlada.

 

Humedecer ciertos alimentos para favorecer su deglución o suavizarlos con aceite, mantequilla o salsas.

 

Comer entre cinco o seis veces al día. De esta forma reduciremos la posibilidad de sufrir casos leves y graves de desnutrición a causa de los problemas gastrointestinales. Podemos consumir helados, zumos, infusiones y sopas.