Cortamos la punta de las alcachofas y retiramos las hojas más duras.
Continuamos retirando los pelillos del centro y torneando también el tallo.
Para evitar que la alcachofa se oxide, una vez preparada y limpia, la ponemos en un bol con agua y perejil, que con su poder antioxidante evitará que se ponga negra.
Mientras las dejamos en remojo, ponemos una sartén con aceite a calentar y, cuando esté lista, procedemos a cortar las alcachofas en láminas lo más finas que podamos.
Según las cortamos, las freímos inmediatamente, sacándolas del aceite en cuanto empiecen a tostarse.
Tras hacerlo, las ponemos en papel absorbente para retirar el exceso de aceite de la fritura.
Fuente: Directo al paladar